¿Legalizar la marihuana va a provocar un aumento de fumadores? No necesariamente

Uno de los argumentos más usados por quienes se oponen a la legalización de las drogas es el de que al legalizar va a aumentar exponencialmente el número de consumidores. En Colima, este argumento fue llevado a un límite absurdo por la directora del Centro de Integración Juvenil, quien afirmó que el hospital psiquiátrico sería insuficiente para atender a tantas personas que tendrían enfermedades mentales si se legaliza la marihuana (como si en Holanda, Estados Unidos, Portugal y Uruguay eso hubiera pasado al legalizarla). Incluso se sacó cifras de la manga: dijo que “del 5.1 por ciento en que estamos, nos iríamos a un 15 de la población consumidora”.

Sin embargo, no hay un estudio que compruebe esta creencia, ni países donde el consumo se haya triplicado al legalizar la planta. De hecho, si miramos las cifras del Observatorio Europeo para las Drogas y la Toxicomanía, por citar un ejemplo de trabajos serios sobre el tema, podemos ver que no existe un consumo particularmente alto en los países donde la marihuana tiene un estatus legal, y de hecho, de acuerdo al último reporte de este observatorio (mayo de 2014), “el uso de cannabis en Europa, en general, parece estar estable o en declive”.

La idea de que “si se legaliza van a aumentar los consumidores” es un miedo que se basa en creencias personales pero que no tiene fundamento científico, y que incluso puede ser debatido con argumentos que se basan en el sentido común. Un argumento como ejemplo: una persona que no fuma marihuana, y que no tiene interés por ella, no por el hecho de que la planta sea legal va a empezar a fumar. Quien quiera fumar, va a encontrar la manera de hacerlo, sea legal o no; quien no quiera fumar, no lo va a hacer, aunque la sea legal.

Hasta ahora, en nuestro país se ha manejado una política de “educación” antidrogas basada en el miedo y el estigma, pero no en la información. No se habla de los efectos de las drogas, sino de las consecuencias, y muchas veces estas se exageran para así disuadir a los potenciales usuarios.

Esto es contraproducente, y lo vemos en Colima, donde el Centro de Integración Juvenil es un fracaso que maquilla sus cifras, pero que no tiene un verdadero efecto sobre la comunidad. ¿Qué pasa si a un usuario de drogas que viene a rehabilitación le cuentan mentiras sobre esa droga que él o ella ya conoce perfectamente y cuyos efectos ha experimentado de primera mano? Evidentemente si le mienten va a perder la confianza en quienes lo están “ayudando”. Viene un usuario de marihuana al CIJ y le dicen que la planta provoca cosas que él sabe que no son ciertas, porque lo ha vivido. Eso socava desde un principio todo intento de rehabilitación, y echa por tierra los esfuerzos de quienes pretenden ayudar a quienes tienen un problema con su manera de relacionarse con las drogas.

No podemos seguir basando nuestra política de drogas en la mentira y en las creencias empíricas. El legalizar la marihuana permitiría que finalmente se hable de este tema sin medias tintas, sin telones de moralidad, sin prejuicios y sin mitos. Legalizar abre la puerta para que se establezcan programas preventivos y disuasivos, como se hace con drogas legales como el alcohol y el tabaco (que tampoco es que esos programas hayan resultado tan efectivos hasta ahora, pero bueno). Poner a la marihuana en un debate abierto permitiría romper el tabú y ahora sí abordar en serio el asunto, dejando claro que así como hay riesgos, hay también beneficios.

Esto es algo que muchas veces se olvida: la marihuana no solo tiene riesgos, si la gente la consume es por una razón muy simple: también ofrece beneficios. Fumar marihuana provoca un estado de relajación, de disfrute de los sentidos, de inspiración artística y hasta de concentración intelectual. Recordemos que el más grande astrónono de la historia, Carl Sagan, era un ávido fumador de la planta, y encontró en ella inspiración, gozo y ayuda para sus búsquedas intelectuales. La marihuana ha sido un elemento importante para incontables artistas que han creado obras en todas las ramas del arte para deleite de millones de seres humanos. ¿Qué hubiera sido de Los Beatles si Bob Dylan no los hubiera iniciado en el disfrute de la marihuana? No tendríamos al Sargento Pimienta y mucho menos Let it be; se hubieran quedado en el panderito cursi de Love me do.

Legalizar la marihuana no necesariamente traerá una ola de nuevos fumadores, pero sí es una oportunidad para que cambiemos el enfoque sobre esta planta, la revaloremos, y le saquemos provecho. No hemos mencionado aquí todos los beneficios para la industria y la medicina, porque eso es materia para otro artículo, pero también son aspectos muy importantes que muchas veces no se toman en cuenta cuando la discusión se queda en el simple “si la legalizan va a haber mucho mariguano en las calles”. Así pues, no solo se trata de tener gente más feliz y creativa, se trata también de aprovechar un recurso natural con muchos usos y aplicaciones, y con un tremendo potencial económico.

Hay que ir más allá, hay que saltar por encima de los mitos y ver lo que se está haciendo más allá de los volcanes. Ese es el principal problema: que los políticos colimenses no pueden ver más allá de Cuauhtémoc y piensan que el mundo se termina al cruzar el puente de Cihuatlán. No, señores, hay vida más allá del Río Coahuayana y de la Laguna de Cuyutlán. En otras partes del mundo estas ideas ya se pusieron en práctica y hay resultados de los que podemos aprender. Y claro, Colima no es Ámsterdam ni Montevideo, pero con un poco de inteligencia podemos obtener mucha información y aprendizajes de esas experiencias.

Legalizar no significa llenar las calles de gente fumando marihuana. Para eso habrá reglamentos, controles, programas, educación, información. Pensar así solo denota una falta de visión y una perspectiva del mundo que no pasa más allá de los volcanes. Dejemos atrás las creencias pueblerinas y los argumentos del siglo (ante)pasado. La marihuana es una realidad que está aquí para quedarse. No vamos a acabar con el tráfico ni con el consumo; más bien, tenemos que aprender a convivir con la planta de una manera sana tanto en lo personal como en lo social, y aprovechar todas las oportunidades económicas y productivas que nos brindaría su estatus legal.

Ya es hora de ir despertando, Colima.

 

 

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