¿Y si legalizamos la marihuana en Colima?

El estado de Colima ha sido un espacio para varias pruebas piloto a nivel nacional en materia de políticas públicas, innovación y programas gubernamentales. Uno de los ejemplos más recientes es la credencialización de los menores de edad, un programa que se aplicó por primera vez en Colima

y que se va a exportar al resto de los estados (aunque tenemos serias dudas sobre la conveniencia de este programa, por lo que implica en cuanto a pérdida de privacidad para las nuevas generaciones, pero esa es otra historia).

El reducido tamaño del estado y la cantidad de habitantes han hecho que Colima sea un espacio atractivo para que el gobierno federal haga aquí pruebas de programas que luego se aplican a nivel nacional. Ahora bien, ¿qué tal si en Colima se hiciera el programa piloto de la legalización de la marihuana? Hay varios aspectos positivos a considerar, algunos de los cuales abordaremos a continuación. Pero antes de entrar en detalles, vale recordar algo: legalizar no significa aumentar el número de fumadores; el hecho de que la marihuana se legalice no implica que más gente vaya a consumirla. La va a consumir quien quiera hacerlo, pero un cambio en las leyes en este sentido no quiere decir que nadie se vaya a ver forzado a probarla.

-En lo agropecuario. Como sabemos, uno de los principales cultivos de Colima, el limón, ha sido afectado de manera grave por la plaga conocida como Dragón Amarillo. Decenas de familias han visto afectado su modus vivendi al perder importantes cantidades de árboles de cítricos que representaban su sustento. Hasta el momento, el gobierno ha sido incapaz de contener la plaga, e incluso a nivel doméstico hemos visto cómo se han  perdido muchos árboles. Si hiciéramos legal la marihuana, y se establecieran reglas claras para que los colimenses pudieran cultivarla, podríamos transitar hacia un nuevo cultivo que resultaría muy rentable y que beneficiaría a muchas familias colimenses. La marihuana es un negocio que por el momento disfrutan unos cuantos, de manera ilegal, pero que les reporta miles de millones de pesos anualmente. ¿Por qué no distribuir esa riqueza? ¿Por qué no beneficiar a más familias con un recurso que es relativamente fácil de cultivar, y del que a estas alturas existen variedades resistentes a plagas y de rápido crecimiento?

-En lo económico. Esto va ligado al punto anterior. Si se establecen reglas claras también para el comercio de la cannabis, y hay un control adecuado sobre éste, la derrama económica para el estado podría ser mayúscula, y los recursos se podrían emplear en obras sociales, de infraestructura, de salud, etc. Si se regula el comercio, se termina la corrupción. Hay que considerar algo: la marihuana, ilegalmente y todo, circula por Colima, está disponible (y es MUY barata, mucho más que el alcohol o que el tabaco). Es decir, la legalización del comercio no va a hacer que haya MÁS marihuana, o que llegue a más gente. No. Quien busca marihuana en Colima, la encuentra. Si se legaliza, lo único que se va a hacer es quitar intermediarios del negocio, eliminar las mordidas a la autoridad, y redistribuir la derrama económica que este comercio representa. Colima tiene una deuda pública importante. ¿Qué tal si en vez de quemar toneladas de marihuana, esta hierba se vendiera, por ejemplo, a los estados de EU donde ya es legal? Este es un recurso que no deberíamos desdeñar.

-En beneficios al sistema penal. Un porcentaje importante de quienes están en la cárcel por “delitos contra la salud” fueron detenidos por portar marihuana de consumo personal, no para venta. Al no contar con dinero para abogados, hay quienes pasan dos años en la cárcel porque los detuvieron con 5 cigarrillos, por decir. En Portugal, donde todas las drogas se descriminalizaron en el año 2001, entre ese año y el 2008 se redujo en 66% la carga para el sistema penal. Es decir, el Estado (es decir, los ciudadanos y sus impuestos) no tuvieron que gastar dinero en detenciones, procesos legales, sostenimiento de prisiones, etc, porque a los usuarios de drogas, en vez de encarcelarlos, se les manda ahora a tratamiento y consejería psicológica. En México, donde la sobrepoblación de las cárceles es un problema gravísimo que tiene como consecuencias motines y matanzas ya cada vez más frecuentes, nos caería muy bien un modelo así, donde quienes no son criminales violentos, sino usuarios de drogas recreativas, no vayan a parar a prisión, y en cambio existan programas de rehabilitación aunados a modelos donde se cumplen condenas que implican trabajo social, como en Estados Unidos, y donde una persona en vez de terminar hacinado en una celda con otros 10, pague su condena barriendo calles, pintando escuelas, etc. Un grupo de 300 economistas norteamericanos, entre ellos 3 premios Nobel, señalaron recientemente que si se legaliza la marihuana en Estados Unidos, el gobierno ahorrará 7,700 millones de dólares POR AÑO que ya no se gastarían en el sistema penal.  Además, si la marihuana tuviera impuestos de la misma manera que el alcohol o el tabaco, el Estado obtendría 6,000 millones de dólares adicionales por año. Claro que en Colima las cifras serían menores, pero sin duda serían significativas, y de paso evitaríamos sobrepoblación en el Cereso.

-En lo social. Históricamente, la marihuana ha estado presente en la cultura mexicana desde la llegada de los españoles, que la trajeron de Europa. Ya nuestros antepasados conocían otras plantas que usaban con fines espirituales, como la semilla de olheolluqui, el peyote, o los hongos sagrados, e incorporaron la marihuana a la cultura mexicana. Durante cuatro siglos, esta planta estuvo presente en la sociedad, y fue usada y aceptada en México hasta que en la década de 1930 un cambio en las leyes de Estados Unidos llevó a que en nuestro país (y paulatinamente en el resto del mundo) se prohibiera y se demonizara, haciendo que los consumidores comenzaran a ser vistos como criminales. Es importante erradicar la idea de que quienes consumen marihuana son personas negativas para la sociedad. Hay profesionistas, políticos, artistas, deportistas, empresarios  y científicos que disfrutan del consumo de la planta, sin que ello los haga peores personas y sin que se afecte su interacción con los demás. Gente que aporta mucho a la sociedad desde distintos campos tiene entre sus placeres la marihuana, y son muchos más de los que se sospecharía en primera instancia, pero se mantienen ocultos por la estigmatización que se ha hecho de ellos, desde la ignorancia y el prejuicio. El legalizar la marihuana también representa darle su lugar histórico como parte de nuestra cultura, y eliminar un tabú que provoca discriminación hacia los usuarios. Derribar este tipo de barreras nos hace construir una sociedad más tolerante y respetuosa del derecho de los demás.

Estos son solamente algunos de los beneficios de la legalización de la marihuana, con un enfoque particular a la situación del estado de Colima. Insistiríamos, aunque no reporta un beneficio material, en el último punto: el aspecto social. En última instancia, un consumidor de cannabis está tomando una decisión sobre lo que hace con su cuerpo, del mismo modo que lo hace quien toma una cerveza o fuma un cigarro. Ciertamente, quien fuma marihuana está causando un detrimento a su organismo (no necesariamente mayor al que provocan el alcohol y el tabaco, pero esa es otra discusión), y siendo este el caso, hay quienes piensan que el Estado y la sociedad deberían impedírselo. Sin embargo, mientras esa persona no interfiera con el buen orden social ni dañe los intereses de los demás, debe respetársele su derecho a decidir qué hacer con su cuerpo y cómo disfrutar de su existencia. Al final de cuentas, y esto es algo que muchas veces no pensamos, quien fuma marihuana lo hace por tener un buen momento y disfrutar de algo placentero, no con la intención de dañar a la sociedad. La felicidad nunca ha hecho daño a la sociedad. Vale la pena comenzar a verlo también desde esa perspectiva.

One Comment

  1. EXCELENTE PUBLICACIÓN,
    -CONSIDERO QUE COLIMA PUEDE TENER ESE POTENCIAL HUMANO HACIA UNA LEGALIZACIÓN BENÉFICA PARA LA SOCIEDAD, LA ECONOMIA Y EL MEDIO AMBIENTE…

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